El consejero estaba preocupado. Tenía reunión con los de Vitoria y el coco ya no le daba. La presidenta le había ordenado seguir mareando la perdiz, pero esta vez sin repetir lo de siempre. "La chorrada del interés superior de Navarra está bien para nuestros incondicionales, Juan Luis, pero el resto no traga". El consejero inclinó la cabeza. "Vale, Yoli, ¿pero entonces qué digo?". Últimamente tenía la sensación de que le exigían cosas fuera de su alcance. "Pide un informe jurídico que diga que es ilegal", le respondió la presidenta mientras examinaba unas líneas redactadas por su directora de gabinete. "Ya lo he hecho, Yoli, pero los argumentos que dan no resisten un asalto". La presidenta levantó airada los ojos del papel. "¡Pandilla de inútiles! Y pensar que a alguno casi le dejo entrar en el reparto de los cuadros de la CAN". El rostro del consejero se ensombreció. "¡Si entre Miguel y tú a los demás no nos dejasteis más que zaborra!", pensó sin llegar a decirlo. La presidenta volvió a su papel. "Hala, exprímete esa cabeza de chorlito que tienes y piensa algo más, que para eso te pago". El consejero se dirigió desganado hacia la puerta del despacho. Un sonido gutural de difícil identificación resonó a sus espaldas. "¿Qué pasa, Yoli?", se volvió alarmado. "Nada -respondió la presidenta con voz ahogada-. Que acabo de leer que Navarra ha salido de la crisis y me ha entrado la risa floja". En el pasillo, un foral le decía a otro: "Pues el domingo, el memo de mi cuñado, como en su casa no se ve la ETB, se viene la mía a ver la pelota. No sólo va a animar a Olaizola sino que se va a beber mi Cardhu". "¡Qué putada!", le respondió el otro. "¡Que putada de Gobierno!", replicó el primero. El consejero abrió la boca para abroncar al osado. En ese momento, una luz se hizo en su cerebro.
- Multimedia
- Servicios
- Participación