Si Bildu tiene razón y el cambio en Navarra empieza ahora, que UPN empiece a preocuparse. Cada proceso electoral tiene sus propias claves y los resultados de uno no pueden extrapolarse a los siguientes. Esto vale todavía más para unas elecciones europeas caracterizadas por la baja participación y en la que UPN ni tan siquiera se presentaba. Pero no es menos cierto que estos comicios siempre marcan tendencia. Y la tendencia, más aún en Navarra, es a la baja en los partidos del status quo, y al alza en los demás. En ese espectro, Bildu es ahora indiscutible segunda fuerza de la Comunidad Foral tras haber sabido movilizar a un electorado abertzale tradicionalmente abstencionista precisamente con un mensaje de cambio. Junto a Bildu están Izquierda-Ezkerra y ese sorpresivo actor no invitado que es Podemos, una formación con la que a partir de ahora habrá que contar para ese complicado rompecabezas que va a ser formar un gobierno alternativo al actual. No ocurre lo mismo con el PSN. No porque no quiera o no le dejen, sino porque eso ya va a dar absolutamente igual. Los pronósticos que, después del marzazo, anunciaban en Navarra un naufragio socialista se han cumplido con creces. El mismo Lizarbe calificaba ayer de "desastre absoluto" los resultados del domingo, y hacía a la dirección del PSOE responsable de los mismos. Pero esa sumisión a la derecha -esa "gran coalición" de facto que lleva gobernando Navarra desde los años 80- nunca hubiera sido posible sin el beneplácito de la dirección socialista navarra, Lizarbe incluido. Hasta el domingo, las únicas cuentas que salían eran con ellos. Ahora pueden ser un sumando prescindible si a los tres actores citados se les suma Geroa Bai. Otro que, al igual que UPN, no participó en la justa del domingo. Ahora, a no meter demasiado la pata en el año que queda.
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