las fichas del puzzle van encajando cada una en su lugar. Se elucubraba por las razones de la fulgurante abdicación de Juan Carlos I y la entronización a matacaballo de su hijo, todo en el tiempo récord de dos semanas. Hoy nos encontramos con que se da por segura la imputación de la hermana del ya Felipe VI, por blanqueo de capitales y cooperación en los delitos cometidos por su marido, Iñaki Urdangarin. Parece que mañana mismo se conocerá el auto de enjuiciamiento de la única hija que no estaba el otro día en los fastos madrileños, la misma que, dicen que recibió ayer en Ginebra la visita de su madre, reina consorte y abnegada esposa del abdicado Juan Carlos. Una infanta de España en los tribunales. Casi como para creer en la Justicia. Nos preguntábamos también, la misma semana pasada, por los motivos de la indisimulada prisa con la que van a aforar al hasta ahora titular de la corona. Un insólito blindaje que -para pasmo de juristas de todo el mundo?- incluye también temas civiles, y cuyo trámite se inició ayer mismo en el Congreso. La BBC afirmaba este fin de semana que esta celeridad tiene que ver con dos demandas por paternidad que en 2012 no fueron admitidas a trámite por la inviolabilidad con que el personaje gozaba hasta el pasado jueves. Desde esa fecha los pleitos pueden presentarse ante los tribunales ordinarios, aunque acabarán en un indulgente Supremo -en Navarra ya sabemos de eso- en cuanto la reforma que promueve Rajoy salga adelante. Son estas ilustres prendas las que ayer fueron felicitadas por el Parlamento Foral con los votos de UPN, PSN y PP. Nada de eso tendría excesiva importancia si las gracias de estos sujetos -incluidas las de sus señorías?- no las pagáramos a escote entre todos. En fin, hoy San Juan, mañana San Pedro, y en nada San Fermín. Izan ongi udan.
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