Estos catalanes deberían estar temblando, pero aún no se han leído el BOE. Si pensaban que Rajoy iba a quedarse de brazos cruzados, es que no conocen a nuestro presidente. Lo del recurso ante el Constitucional, fuegos de artificio. Lo de las amenazas, cada vez menos veladas, de que Mas puede acabar procesado y -puestos a imaginar-? encerrado en el castillo de Montjuïc, una chorrada. El arma definitiva que acabará con las pretensiones de esos comedores de esqueixada es el real decreto que, publicado el pasado viernes, deja en manos de Soraya Sáenz de Santamaría “el ejercicio de las competencias relacionadas con el uso de la bandera, el escudo y demás símbolos nacionales”. Que en Sant Pere de Riudebitlles -es un decir-? deciden descolgar la rojigualda y mandársela con un lacito a su majestad Felipe VI para que doña Leticia le dé el uso que tenga por más conveniente, ahí estará nuestra vicepresidenta, con Tizona en la mano, defendiendo el honor de la nación mancillada. Que en Vallfogona de Ripollès -otro decir-? el Ayuntamiento decide utilizar el blasón patrio para servir cargols a la llauna, ni un minuto tardará en aparecer la vallisoletana, con un rizo de la entrepierna de Agustina de Aragón colgado del cuello como reliquia, para restituir el daño causado al solar que vio nacer a Don Pelayo. No se le va a escapar una, que para eso es la jefa de los servicios de inteligencia, ni va a perdonar una, que para eso le van a jalear todos los grandes medios del Estado, El País y La Sexta incluidos. Sáenz de Santamaría es la duquesa de Berwick elegida por Rajoy para sofocar la intifada catalana de 2014. Especialista -dicen-? en guerra sucia informativa contra amigos y enemigos, esta carita de ángel va a hacer de sota de bastos de la unidad de España. En las próximas semanas vamos a ver de todo.
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