En las semanas anteriores a las elecciones alemanas de 2002, todas las encuestas daban como perdedor al hasta entonces canciller, el socialdemócrata Gerhard Schröder, frente a su contrincante democristiana, una tal Angela Merkel. Pocos días antes de la cita con las urnas, el río Elba se desbordó provocando cuantiosos daños en el centro de Alemania. Schröder, entonces, se quitó la corbata, se puso el anorak y las katiuskas, y dedicó los últimos días de campaña a recorrer las calles enfangadas, a visitar los estadios donde daban cobijo a las personas desalojadas de sus hogares y a ponerse en las filas de gente que colocaba sacos terreros como diques para proteger sus viviendas del furor de las aguas. Schröder consiguió dar la vuelta a las encuestas y Angela Merkel tuvo que esperar hasta 2005 para convertirse en el azote del sur de Europa. Leo que el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, visitará las zonas de la Ribera afectadas por la catastrófica crecida del Ebro. Algún tipo de memoria histórica debe de generar el pertenecer a la misma internacional socialista. ¿Oportunismo? No sé. Los líderes de las formaciones navarras que el próximo mes de mayo se enfrentarán en las urnas han preferido hasta ahora quedarse en sus confortables hogares pamploneses, lejos del desolado paisaje arrasado por la inundación. No me extraña tanto del candidato navarrista, Javier Esparza, y eso que era el que lo tenía más fácil. Al actual consejero de Administración Local se le nota incómodo ante todo lo que sea salirse del guión que su partido lleva a la campaña: esa feliz Arcadia foral gestionada eficazmente por UPN, amenazada ahora por la malévola conjunción de chavismo y abertzalismo. Me sorprende más de los otros, sobre todo de aquellos que tienen más difícil hacerse ver y perfilar con más nitidez su mensaje. Cuesta quitarse la corbata.
- Multimedia
- Servicios
- Participación