Como habitante de esta peculiar tierra mentiría si dijera que no me resulta agradable estar en un sitio en el que las tasas de paro son de las más bajas, en el que mal que bien funcionan sanidad y educación y servicios sociales, en el que el peso de la industria supera ampliamente al de otras zonas y de eso se derivan muchas cosas -habitualmente positivas- y que, en general, es una comunidad desarrollada. Eso no me convierte en patriota navarro, se trata, simplemente, de que el mayor bienestar de lo de alrededor siempre es bueno y ofrece también, en teoría, más oportunidades personales. Al no tener ningún sentimiento nacionalista español ni vasco ni aragonés ni riojano ni de , que tengamos un sistema propio por ejemplo para que como titulaba ayer este periódico “la presión fiscal de pymes y micropymes se mantendrá por debajo de la del Estado (España, supongo)” no me causa ninguna controversia interior. Como éramos no sé qué hace cientos de años y hace equis otra cosa y negociamos, podemos hacer esos asuntos. Vale. Pero, ¿los navarros -especialmente los políticos navarros- que se sienten españoles españoles y se abren las carnes si se pone en duda la unidad de España, esto cómo lo llevan? Me refiero a que tener un sistema propio que te permite que tus empresas paguen menos que al otro lado de la muga como que muy español, solidario e igualitario no es. Porque esto es así, se puede legislar fiscalmente lo que se quiera, al margen del tema del famoso convenio, que es otra cuestión. Yo no sé si lo llevaría muy bien, intuyo que me sentiría un poco rata de alcantarilla, declamando mi españolidad con la mano izquierda y con la derecha ardiendo en deseos de que todos se vengan para aquí en detrimento de Aragón o La Rioja o todas las demás y disponiendo además de cauces legales para intentarlo. Yo estos patriotismos a ratos no me los creo ni harto grifa.