Del mismo modo que es estúpido criticar al actual gobierno por los datos de la EPA dados a conocer ayer, ya que se refieren a los meses de julio, agosto y septiembre, en los que no hay gobierno en el mundo que en tan breve margen -el gobierno se formó a finales de julio y primeros de agosto- pueda tomar decisión alguna que afecte positiva o negativamente al empleo, también es ridículo que el consejero Laparra dijera ayer que los resultados obtenidos son “ambivalentes”. A pesar de declarar que los datos eran malos, justificaba el adjetivo ambivalente porque, a pesar de que hay 3.600 parados más, 3.500 de ellos no es que hayan perdido su empleo sino que se han animado a buscarlo tras no haberlo buscado hasta entonces. Eso suele indicar que la población confía algo más en encontrar empleo, pero si 3.500 personas más que hace 3 meses se han puesto a buscar empleo y ¡ni una sola! lo ha logrado eso es un dato malo sin paliativos ni ambivalencias. Además, 100 personas que sí tenían trabajo han dejado de tenerlo, lo que da la suma global: 3.600 parados más. Por tanto, no hay ni un solo dato que pueda ser tenido como positivo y más si se tiene en cuenta que siguen bajando los cada vez más inhabituales empleos indefinidos, algo que sí destacó Laparra. La situación de ambivalente no tiene aún nada y hará bien el consejero si en el futuro obvia comparativas con años anteriores -siempre va a ir a mejor, esa tendencia es mundial- y se ciñe a lo actual. Reconociendo que los descensos de paro van a ser menores en Navarra que en España, ya que España parte de cifras mucho peores y le es más sencillo remontar como le fue más sencillo desplomarse, caminar hacia menores tasas, mejores condiciones y más actividad requiere de todo el esfuerzo, obviando lo más posible valoraciones políticas que busquen lo positivo por pequeño que sea donde al menos ayer no lo había.
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