Digo yo que dejar de ostentar el poder en ocasiones dará paso a mostrarse más como uno mismo es o como son sus ideas, como intuyo que le pasa al parlamentario y exconsejero Luis Zarraluqui, que el martes, en un debate que analizaba la bajada del precio máximo del módulo de VPO -y con él la subvención, no lo olvidemos-, le pidió al consejero Laparra “neutralidad, porque se equivocará si se inclina de un lado u o de otro, ya que la vivienda en parte es una industria y en parte una necesidad primaria de los ciudadanos”. Para Zarraluqui -e imagino que para UPN- un gobierno tiene que ser neutral en el asunto de la vivienda, ya saben, ese gasto que puede acompañar a muchos durante unos 40 años y por cifras que alcancen el 30, 40 o 50% de sus ingresos. Esto es: la acción del gobierno debe mirar por igual los intereses del ciudadano que aspira a tener una vivienda y el de la industria. Por igual. Neutralidad. No habló de que los precios máximos otorguen al menos algo de beneficio al sector -lógico y entendible-, sino de neutralidad. Vamos, que llegado el caso si el precio de VPO no les sale rentable a los constructores hay que subirlo para que así sea. Y que se joda el ciudadano que no puede acceder a la vivienda libre. Tremendo. Es de esperar, no obstante, que la política de vivienda de los recién llegados no se limite a bajar precios de módulos, sino a contar también con un diseño -y acciones- mucho más encaminado al alquiler social y, a su vez, impulsar la labor de Nasuvinsa, para que llegue a donde no quieren -libremente- llegar los constructores. No queremos un gobierno neutral, ni tampoco uno que ponga parches pequeños, ni un sector de VPO hinchado que ha dejado de ser social para convertirse en libre y sin requisitos. No queremos políticos neutrales en esto. Ya hemos tenido bastantes que, por neutrales, de neutrales no tenían nada.