Como es tradición, ya andamos a vueltas con que si Lizaur va a hacer de maniquí pintado o no, si finalmente va a hacer caso a lo que se le pide desde muchas instancias -incluida, al parecer, la propia Asociación de la Cabalgata de Reyes Magos que él preside, que tratará el tema en su Asamblea del 29 de diciembre- y ceder el protagonismo a un negro nacido negro o, por el contrario, va a seguir haciendo el makoki un año más, eso sí, con una subvención pública de 50.000 euros, amén de una nave gratuita todo el año en Landaben, el enorme despliegue policial, etc, etc. Y, como ya es tradición también, la parte de la ciudadanía que es por completo incapaz de aislar un hecho sin recurrir al infantil argumento de compararlo con otros ya está diciendo que también Olentzero es de cartón y no pasa nada o que también Melchor y Gaspar llevan barbas postizas y no pasa nada. En esos casos no pasa nada porque los hombres mayores con barbas o los pastores o los carboneros no conforman en sí mismos una raza que históricamente ha sido esclavizada, asesinada, apartada, aplastada, discriminada, etc. Los negros, sí. El asunto es ese, no hay que ir mucho más allá. Es una mera cuestión de tacto, de detalle, de respeto para con ellos, habiendo como hay hace décadas negros en esta ciudad a miles. No hay nada más que eso, por mucho que María Caballero diga que es un tema menor y que forma parte del espectáculo. Si ella fuera negra, igual no le parecería tan menor. Si tuviese un mínimo de empatía histórica, tampoco. Ése es el principal tema, mucho más allá incluso de que algunos niños se puedan dar más o menos cuenta. Lizaur ha dado sobradas muestras de carecer de esa empatía básica. Que la sigan dando políticos y gentes supuestamente inteligentes y sensibles es lo preocupante. Porque si no la tienen para temas menores qué no pasará con los mayores.
- Multimedia
- Servicios
- Participación