Por si les sirve de referencia, que seguro que no -a lo sumo como mera curiosidad-, les diré que voy a votar a los de siempre, una decisión que no sé muy bien por qué la tomo pero que supongo que será por la mera costumbre, la desidia o quizá algo de mente cerrada, ni idea. Lo bueno que tiene mi voto es que como a quien voto nunca ha gobernado ni ostentando poder alguno salvo casos residuales es muy complejo que lleguen a decepcionarme. Y no tengo ya edad para andar decepcionándome cada cuatro años con cosas y apuestas nuevas. Si me decepciono, que sea siempre con lo mismo, al menos en esto. Pueden llamarle cobardía o como quieran, pero lo prefiero así, amén de que siempre me ha parecido que votar a los que crees que van a ganar o gobernar es de aprovechados. Al margen de que si todos hiciéramos lo mismo no habría oposición. Y la oposición es muy importante, al menos que la haya, luego ya el nivel de la oposición es otra cosa. Así que soy de esos que lustro a lustro mete su voto inútil en la urna a conciencia. No el voto inútil del que vota a partidos fuertes en la aritmética parlamentaria y que luego el votante considera inútil porque han hecho con su voto lo que les ha dado la gana, no. El mío es inútil en sí mismo, ya que las probabilidades de que a quienes yo voto obtengan un escaño son inexistentes. Y me gusta esa sensación, un disfrute que se incrementa cuando desde cualquier lado del arco político alguna formación -prácticamente todas- hacen referencia a que ellos son el voto útil, invadiendo con totales modales dictatoriales la libre elección personal. Cuando hacen eso aún me reafirmo más en la útil inutilidad de mi voto. Desde pequeño no llevo nada bien lo de los abusos de poder y eso. Así que confío en que a quienes voto nunca opten de verdad al poder porque entonces tendría que votar a otros y el panorama es desolador.