Me imagino que saben que si son sorianos su voto vale cuatro veces más que si son madrileños. O que, en general, en las provincias pequeñas hacen falta muchos menos votos que en las grandes para obtener un escaño. Esto es así porque el reparto de escaños por provincias que tiene establecido el sistema electoral español trata de primar la voz de las provincias más despobladas, para que así sus diputados puedan defender los intereses de esa provincia o región concreta. En la práctica, nadie sabe si este sistema ha servido de nada a las provincias más pequeñas o si no hay maneras menos injustas de ser justos con todos. Lo único cierto es que sí ha servido para que el bipartidismo sea aún más fuerte, mucho más fuerte, de lo que en realidad es. Ayer, El País señalaba que desde 1982 hasta ahora el PP ha obtenido un 13% más de escaños que votos si toda España contase como una sola circunscripción, mientras que el PSOE ha ganado un 12% más de escaños. IU, por el contrario, ha perdido un 63% de la representación que habría logrado si todos los votos valiesen lo mismo, algo que, aunque en menor medida, también sufrió UPyD u otros. El voto tiene un valor muy diferente según a qué lado de la raya nos encontremos, desvirtuando por completo la idea de democracia real, al menos en cuanto al valor de votar en unas elecciones generales. El argumento de los favorables a este sistema -que no beneficia tanto como se dice a los partidos nacionalistas, que conseguirían muy similares escaños con una sola circunscripción o con una única de 300 y 50 diputados para los restantes más votados- es que, amén de la farsa de las provincias pequeñas, ayuda a la estabilidad, permitiendo gobiernos o alianzas fuertes. Cualquier gobierno que salga de lo de hoy y no cambie esto seguirá amputando la democracia en beneficio propio y en detrimento de la igualdad real de los ciudadanos.
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