Me estoy leyendo un libro que narra las vidas paralelas que llevaron desde antes de su llegada a la NBA Larry Bird y Magic Johnson, los dos tipos que rescataron al baloncesto de su declive y lo colocaron mundialmente a un nivel nunca visto. El libro es fantástico y relata con todo lujo de detalles a dos deportistas excepcionales. Una de las muchas cosas curiosas que se cita es que, en 1984, durante la primera vez que se daban cita en la final los Celtics de Bird y los Lakers de Johnson, la gran mayoría de los ciudadanos negros de Boston querían que ganasen los Lakers. Los Celtics eran vistos incluso en su propio territorio como un equipo blanco, aunque eso no fuese cierto, una percepción a la que ayudó la prensa presentando y potenciando hasta el extremo la dicotomía Bird blanco-Johnson negro, un asunto que nunca les gustó ni en el que colaboraron ambos protagonistas. A mí me pasa con la integridad de España. Resulta que por nacimiento y supongo que por cultura, referencias, idioma y mil asuntos más es obvio que soy español, pero la prensa y los principales políticos nacionales se están poniendo tan sumamente pesados en el último año y pico que me empiezo a sentir como un negro de Boston que quiere que ganen los Lakers. Porque, sin ánimo de comparar, te sientes un poco negro cuando ves las tasas de paro, los niveles de cobertura, los sueldos de la inmensa mayoría, el salario mínimo, los permisos de maternidad y paternidad, los precios de la vivienda, la corrupción, los precios en general, el exilio de miles de jóvenes, los ratios de pobreza, la inviolabilidad -menos para PP y PSOE- de la Constitución, la lacra de la Monarquía, esas líneas que para muchos ni han sido rojas ni son ni serán, mientras que sí lo es la sacrosanta integridad. Siempre he sido de los Celtics y siempre lo seré, pero, en esto otro, que gane el mejor y el que más lo merezca.