No sé si Carolina Bescansa llevó ayer a su bebé de seis meses al Congreso para lejos de su caso personal reivindicar algo o por qué. Quiero creer que lo hizo en primer lugar porque cree que su bebé está mejor con ella o con su padre que en una guardería. Es que los bebés con seis meses están mejor con sus padres que en una guardería. No digo que en una guardería estén mal, ni que los padres a los que no les queda más remedio que dejarlos en guarderías quieran menos a sus hijos que los que no los dejan -los querrán igual-, digo que están mejor con sus padres. Pero como en la Unión Europea de los 28 España está en el puesto 23 en cuanto a permisos de maternidad o de paternidad, con cifras ridículas, miles de padres y madres los llevan -contra su voluntad- a guarderías o se los llevan al trabajo -si pueden- o los endosan a familiares durante excesivas horas. Por eso el caso concreto de Bescansa me importa un pimiento, pero me quedo con la idea de que la colaboración pública para que se puedan criar hijos en condiciones es ínfima, especialmente en el caso de las mujeres. Yo trabajo en casa y por eso pude estar con mi hijo todo lo que me dio la gana y cuidarlo cuando su madre se tuvo que reincorporar al trabajo, hasta que consideramos que compartir su tiempo con otros niños también era positivo. La diferencia entre dejar a tu hijo en la guardería con 5 meses o con 16 es enorme. Esa suerte no la tiene casi nadie y se ven obligados a tener que volver a sus trabajos cuando son todavía demasiado pequeños, frágiles y en muchos casos aún continúan en fase de lactancia materna. Ese debate no le interesa a la turba de fachas que ayer se lanzaba contra Bescansa, ni a quienes al margen de Bescansa no vieron que de su imagen se puede extraer en el futuro algo positivo para las millones de personas que ni siquiera tienen las opciones de que disponen Bescansa y su pareja.
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