Se equivoca gravemente Uxue Barkos cuando afirma que la no renovación de un convenio con la CUN por el cual era la CUN la que atendía a sus trabajadores y a los de la UN y luego facturaba esa atención a Navarra no es una decisión “política”. Claro que es una decisión política, por supuesto que lo es. Bien diferente es que detrás de esa decisión política haya argumentos económicos -el convenio costaba 5,1 millones y Salud afirma que atender a esas 7.200 personas costará 3,2 millones- jurídicos y hasta de equidad, pero eso no convierte al asunto en algo carente de intencionalidad política. Es una decisión política porque, supuestamente, prima a lo público, es un ahorro para lo público, frente a una política anterior que primaba a lo privado y perjudicaba a lo público. No es, por tanto, algo irracional, vengativo, sin sustento, si es eso a lo que se quiere referir Barkos con “político”, pero es que precisamente esta y otras muchas clases de cuestiones políticas son las que propiciaron que hace unos meses ella y otros llegasen al poder. Se puede entender que le quiera quitar algo de hierro al asunto o que trate de ahondar en los argumentos racionales -habrá quien crea al consejero de Salud, habrá quién no, habrá quien dude- para no colaborar en la idea de que se trata sin más de joder al Opus por joderlo, cuando no se eliminan otros convenios o colaboraciones que existen y a los que no llega el Gobierno de Navarra y cuando sería estúpido dañar gratuitamente a una empresa de 5.000 trabajadores, pero esa obsesión ya sea semántica o meditada de no llamar político a algo que evidentemente lo es es un error. Gobernar es tomar decisiones, la inmensa mayoría de ellas políticas, basadas en argumentos de peso que nos podamos creer y comprobar los ciudadanos. Y es bueno que eso sea así, para que podamos comparar la política de unos y la de otros, sin vaguedades.