El día que palmó Bowie, del que no pasé de oír dos canciones y por tanto me reconozco un perfecto indocumentado, estuve pensando en que quedan aproximadamente unos 15, 20 o 25 años para que dejen de morirse músicos considerados míticos. Cuando me refiero a míticos son esos que son escuchados con pasión por gente de 15 a 80 años en casi cualquier lugar del planeta en el que esté presente el rock. Quedan pocos de esos y cuando palmen Bono, Eddie Vedder y pocos más, los nacidos en los 60, el asunto se acabará. Porque los ídolos masivos de ahora y desde hace unos 15 años no son ni masivos ni abarcan abanicos de edad tan amplios. No es ni una crítica, ni una comparación, ni nada, ni siquiera que la gente que ahora dirige o escribe en los medios sea nacida en los años 50, 60 o 70, es la realidad: la música actual, la música desde la extensión casi total de internet, no genera en la sociedad ni la misma respuesta, ni el mismo tipo de oyente ni la misma devoción santoral que en los 60, 70, 80 y como mucho hasta los 90. Si pensamos con calma, Kurt Cobain (nacido en el 67) es el más joven de los grandes mitos mundiales fallecidos, en la medida en que Amy Winehouse no tuvo tiempo de cambiar nada, al menos nada en comparación con otras y otros. A partir de ahí, la música comercial ha ido fabricando clones en lata, meros muñecos y muñecas con mejor o peor voz pero nada más -ni componen ni tocan-, mientras que la no tan comercial no ha visto la eclosión de grupos o solistas que impacten o duren como antes, al menos no de un modo tan brutal. No sé, no veo a mucha gente que hoy tenga 15 o 20 años arrancándose la camisa dentro de 40 cuando se enteren que han muerto Bieber o Beyoncé. Igual hasta prefieren olvidar su pasado. La música seguirá siempre generando talentos, pero quizá hace muchos años que ya no nace nadie que a su muerte vaya a ser considerado un mito.