La página web del Gobierno de Navarra publicó ayer una nota al hilo de los datos de paro registrado -1.970 personas paradas más en enero que en diciembre, una subida del 4,57%- en la que se decía que la vicepresidencia de Derechos Sociales manifestaba que “este incremento, en cualquier caso, supone el tercer menor incremento desde el inicio de la crisis”. Eso, siendo cierto, no oculta que el incremento es fuerte y que es mayor al que se produjo en enero de 2015 y en enero de 2014, lo que, si nos tomamos cada dato como indicativo de una verdad casi absoluta, lo cual es enfermizo, nos diría que la crisis no solo no ha pasado o se ha estancado -que eso es algo que podemos observar cada día- sino que va volviendo lentamente a estadios anteriores aún más duros que los actuales. Claro que enero ha sido históricamente siempre peor en Navarra que en el resto de España y claro que la situación aquí es mejor porcentualmente, pero las cifras globales hablan por sí solas: 45.000 parados en una comunidad con una población activa de poco más de 300.000 -305.700 según la última EPA- son mucha gente, muchísima, casi un 15% si utilizamos el sistema de contabilizar que se usaba hasta hace muy pocos años -parados registrados divididos entre población activa- y, por tanto, una realidad a la que le resulta francamente estúpido que las notas oficiales hablen de “tercer menor año”. Esa clase de valoraciones numéricas pueden ser muy válidas internamente y por supuesto para defenderse ante rivales políticos, pero lanzarlas así a la ciudadanía en general es lamentable. Hay 45.000 parados, miles y miles de ellos desde hace años y sin prestaciones, hay unas ratios de contratación indefinida bajísimas, hay una población activa que mengua y mengua cada trimestre y que ha perdido 12.500 personas en 3 años. Hay que tener más delicadeza cuando las situaciones reales son tan delicadas.