Ya empieza a ser tradición no seguir la tradición, con lo cual el grupo municipal de UPN en Pamplona podrá seguir pegándose todo el santo año sacando tradicionales notas de prensa criticando que el alcalde no acuda a los actos religiosos-lúdico-festivos que tienen lugar en Pamplona y a los que ellos, los que deciden qué es y no tradición y qué nos duele o nos deja de doler a los pamploneses, sí que asisten, como si hacerlo fuese un acto de respeto y no hacerlo una falta de respeto. Ayer le tocó el turno a lo de San Blas -procesión y misa-, a lo que no acudió Asirón, al que reprocharon ser el “alcalde solo del 15% que le votaron”. Pues no, yo no voté a Bildu y me siento perfectamente representado -ayer- por un alcalde que no acude oficialmente a actos religiosos, puesto que me parece que no es el lugar para un alcalde, ni para una presidenta del gobierno ni para ningún representante político, que a nadie más que a sí mismos tienen que representar en las iglesias. De hecho, me molesta ver a concejales o políticos de cualquier partido en actos así. Por lo tanto, no representa al 15%, somos muchos más los que creemos que cuanto menos mezcladas estén política y religión mucho mejor, para ambas. Y, al mismo tiempo, confío en que estos asuntos menores y estúpidos sean cada año menos objeto de pueriles notas, informaciones periodísticas que parecen redactadas por el chivatico de la clase “asistieron, por contra, menganito, pototito y ?” y, sin ánimo de ofender, ingentes cantidades de basura intelectual. Que en el año 2016, con la de conocimiento tangible que ha acumulado el ser humano y la enorme cantidad de problemas reales que existen, un solo político siga perdiendo medio minuto en asuntos así y afeando públicamente a quien no sigue la dichosa tradición y la superstición, por muy respetable que sea, es descorazonador, cansino e irrespetuoso.
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