No entiendo una sola palabra de lo que he leído acerca del asentamiento de 8 adultos rumanos en la trasera del Club de Tenis. Quiero decir que no comprendo nada -al margen de toda la cuestión personal, humana y todo eso que se siente cuando se lee la vida que llevan en el asentamiento- todo el, al parecer, complejísimo procedimiento para que salgan de ahí. Me da igual que sean rumanos que checos que de Pamplona que pobres que ricos, creo que un ayuntamiento -este y el anterior- debería disponer de sistemas mucho más rápidos, eficaces y serios para no permitir cuestiones de este calibre, por la cual un grupo de personas viven en una ciudad de una manera prácticamente medieval, saltándose absolutamente todas las normas que rigen para los demás. Por ellos y, por supuesto, por el resto de personas que conformamos la ciudad, especialmente por los vecinos más cercanos, que no tienen por qué convivir con una situación así. Insisto en que no tiene nada que ver con ser más o menos solidario, sino con una cuestión de eficacia ante los problemas. ¿Pamplona no se ofreció en septiembre para ser una ciudad refugio para los refugiados de Siria? La hostia, si no se sabe qué hacer con 8 no sé cómo coño se va a encarar nada de mayor calado, la verdad, mientras siguen pasando los días y por lo menos externamente el problema continúa. Por supuesto que cualquiera puede entender que este caso es solo la punta del iceberg de muchos casos de exclusión y que hay una labor de años para hacer por parte de las distintas instituciones y de los colectivos que se parten la cara ayudando, pero si no hay viviendas o soluciones de emergencia para momentos puntuales antes de poder clarificar cada caso para que no se instale quien quiera donde quiera nos queda mucho para ser esa ciudad refugio que se pueda enorgullecer de estar preparada para que todos tengamos al menos un techo digno.