el miércoles estuvieron en el Parlamento varias asociaciones de comerciantes poniendo números a lo que cualquiera que pasee por los barrios de Pamplona y por el propio centro es capaz de ver: desde 2008 hay un 24% menos de comercios en Navarra, una cuarta parte del tejido comercial. Dieron, además, otra cifra, más demoledora aún, desde 1990 -poco después se abrieron las primeras dos grandes superficies- hay un 42% menos tiendas por cada 1.000 habitantes. Navarra, que fue de las últimas comunidades en otorgar licencias de grandes superficies, ha pasado de tener más comercios por 1.000 habitantes que la media nacional a tener menos. Aunque siempre venga bien que haya un soporte estadístico exacto a lo que se contempla, el arrase se puede ver y palpar dando una vuelta por Mendillorri, Sarriguren, Iturrama, San Juan o el mismo Ensanche. O subiendo hasta arriba de la calle Olite y mirando la ingente cantidad de persianas bajadas que hay en el último tramo y el desierto en el que se van convirtiendo muchas de las calles paralelas y perpendiculares. El volumen de tiendas que han cerrado es colosal, mientras el cinturón de Pamplona y las localidades más cercanas sigue incrementando el número de grandes o medianas superficies de grandes cadenas que se instalan a la caza de, supongo, ya la última parte del pastel, si queda algo. Hay una Ley de Comercio de 2001 que estos comerciantes aseguran que “no se aplica, aunque solo sea para defender un modelo de ciudad” y no precisamente el modelo al que vamos -sino estamos ya-: una periferia saturada de grandes superficies, un centro y zona vieja que al menos resisten gracias a alcohol y a franquicias -las únicas que pueden pagar alquileres prohibitivos- y unos barrios cada vez más puros dormitorios con 3 o 4 tiendas sueltas de productos básicos y para de contar. Poco, pero aún hay tiempo de hacer algo. ¿Aplicar la Ley?