en la página 72 de la edición del viernes, abajo, había dos noticias. La página estaba encabezada por una palabra que trata de definir sus contenidos: Bambalinas. Arriba recuerdo que hablaban de que una actriz se iba a separar de su marido y de que un actor se iba a casar con su novia, aunque quién nos dice que mañana no sale que la actriz y el actor se han enamorado, porque por allá, a lo lejos, todo va así, lioso. Pero vayamos a lo de debajo. Debajo, a mano izquierda, se anunciaba la muerte de Frank Sinatra Junior. Creo que no hay nombre en la historia más triste que llamarse Frank Sinatra Junior, aunque al parecer él lo llevó bastante bien, hasta que a los 72 años, el único hijo varón de La Voz murió de un infarto antes de dar un concierto en Florida. Vivir 72 años sabiendo que tu padre ha sido La Voz y que cada vez que has dado tu nombre te han preguntado por él, comparado y escudriñado tiene que ser una tarea hercúlea. No le envidio lo más mínimo, pese a que las biografías hablan de un cantante más que digno y de un buen director musical, que incluso lo fue de su propio padre en los últimos años de vida de éste. Debajo, a la derecha, aparecía un texto que acompañaba a una foto que se había hecho en Barbados la hija de Amancio Ortega, que había contratado para la ocasión a un -dicen- famoso fotógrafo de famosas cuando quieren hacerse una foto semidesnudas. Había detrás una playa, un mar y delante su jeto, el de ella, encima de su espalda de medio lado. La clásica foto choni que te sacas en Benidorm en agosto, solo que está es en Barbados en marzo. El encabezado decía Espectacular Marta Ortega. He visto botes de lejía más espectaculares. Pero, bueno, ése no es el tema. El tema es que ignoro los méritos que ha contraído la sujeta para aparecer entre actores, actrices y cantantes y para que tengamos que aguantar su vacía y en el fondo triste espectacularidad.