A lo que se ve, hay paraísos fiscales que en hora punta vienen a parecerse a la Estafeta Alta un jueves por la tarde, que hay que darse de hostias por un frito y no haces más que encontrarte conocidos. Los pasillos de los bancos o de las asesorías panameñas tienen que ser algo parecido: venga de saludar peña que por lo menos te suena de cara y “a ese lo tengo yo visto de algo”. A fin de cuentas, escaquear pasta tiene que ser como comer o beber, tiene que haber una parte muy importante de confianza. ¿Y cuál es una de las principales claves de la confianza? Que haya gente suficiente que haya hecho o haga lo que tú vas a hacer. Es como los bares de carretera, que si no ves coches aparcados y gente dentro comiendo no entras. O los bares de pinchos, sin ir más lejos. Se pone uno de moda, sin más ni más o al menos sin gran diferencia con el de al lado, y para allá que va todo el mundo como borregos. Lo de escaquear choja tiene que ser igual, de ahí que haya mucha en Suiza o Luxemburgo o -según hemos sabido ahora- en Panamá y en cambio menos en las Islas Vírgenes, que ya solo con el nombre asusta. Navarros, por ejemplo, solo había 6 con dinero en las Islas Vírgenes, mientras que en Panamá había 50. Hay que tener en cuenta que también entre los ladrones tenemos al snob, ese que aunque tenga que andar 10 horas va a la cala escondida, donde incluso poder mear a gusto sin que le vea nadie, pero nadie. Es lo curioso de esto, que si no llega a ser por filtraciones jamás conoceríamos algunos nombres de quienes se ríen en nuestra cara, mientras por vulgares multas de tráfico o por mear en la calle tu nombre sí consta en internet y no lo sacas de ahí ni a tiros. Al que escaquea pasta, con tal de que la regularice, se le protege y se le oculta públicamente el delito. Anda y que no habremos tomado fritos al lado de algunos de estos navarros o vascos o españoles ejemplares.