A Ayerdi le parece maravilloso que Ikea se instale en Pamplona, ya que, según él, generará “250 puestos de trabajo directos y unos 100 indirectos, amén de 500 durante la construcción”. Bien, por todos es sabido que cuando una gran superficie genera algo es porque lateralmente destruye otro algo y lo que destruye suele ser más valioso tanto en número -puestos de trabajo de pequeños comercios, encargos a autónomos, carpinteros, ebanistas, instaladores, etc, etc- como en calidad. Pero aquí la cuenta quizá -desgraciadamente- deba ser otra. Porque Ayerdi ofreció un dato potente: en los últimos 5 años, 260.000 navarros han comprado en Ikea. No se puede saber si esos 260.000 navarros que dice Ikea que han comprado en sus tiendas es una cifra cierta o no, pero cualquiera en determinadas franjas de edad sabe que el volumen de ventas de Ikea es enorme y no menos habitual el trasiego de navarros hacia Barakaldo, Zaragoza, Barcelona o Madrid y ya el famoso “y si vais y tenéis sitio en el coche, ¿no me podrías traer tal?”. Esta es una realidad impepinable y que va a seguir teniendo lugar, por mucho que Ikea ya haya abierto en Pamplona no una tienda pero sí un punto de entrega, así que la fuga de dinero hacia otras provincias va a seguir existiendo, mientras que si se instala esa fuga no existe -llegarían de otros lugares-, se crean esos puestos de trabajo y las pérdidas en su mayoría sean para otra clase de grandes superficies del sector del mueble y el hogar ya instaladas aquí, no tanto el pequeño comercio, aunque siempre saldrá algo perjudicado. En todo caso, una situación compleja pero que el gobierno debe aclarar aún más, sobre todo quién sufraga obras, accesos, etc y qué le cuesta a Ikea instalarse en la antigua Ponsal, que fue un cementerio de dinero público hasta hace bien poco, porque una cosa es no oponerse y otra poner todo el culo -todo, entero- en pompa.
- Multimedia
- Servicios
- Participación