El día en el que se anunciaba que está cerca la asunción por parte de Navarra de las competencias de Tráfico, una reclamación histórica que podría llegar a buen puerto tras las negociaciones entre el Gobierno de Sánchez y el de Barkos, el diputado de UPN en Madrid Carlos Salvador, que lleva allá nada menos que 14 años que sumar al año que se cascó de senador, criticaba “que mientras la Princesa de Viana luce donde acude -ese día, el miércoles, habló Leonor por vez primera en público-, el sectarismo de Barkos veta su asistencia a la entrega de su premio”. Política de ¡Hola!, como siempre, la de este señor, que ya digo lleva 15 años viviendo a papo de rey -nunca mejor dicho- sin haber logrado absolutamente nada de valor para el conjunto de la ciudadanía navarra. Nada es nada, Salvador no ha aportado un solo beneficio a esta comunidad. En 15 años. No tengo ni idea de cuál es el motivo por el que UPN lo mantiene cita tras cita en su parrilla electoral, pero imagino que habrá razones muy poderosas que a los mortales comunes se nos escapan, puesto que, ideologías al margen, la imagen que de nuestra comunidad transmite este hombre es lamentable. Quiero decir: no ha habido jamás un solo diputado o senador de UPN, por muy escorado que fuese su pensamiento político, tan grimoso en su quehacer público y en sus declaraciones. En este sentido, de igual modo que debería establecerse legislación para acotar mandatos o puestos de poder por parte de las mismas personas, debería hacerse en parlamentos generales, autonómicos y hasta ayuntamientos de cierto tamaño si me apuran. Ver lustro tras lustro tras lustro a determinados señores o señoras es un flaco favor que se hace a la imagen de la política entre la ciudadanía, lo que aleja a esta y, por tanto, a mucha gente válida, que se niega a dar el salto a semejante cotarro que da cabida durante décadas a seres de este pelaje.
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