A la contra

Ay ama

24.06.2020 | 01:26

Estoy acojonao. Es un acojono egoísta, lo reconozco. Tengo las vacaciones a tiro de piedra –esta es la última semana de columnas este curso– y veo rebrotes, repuntes, positivos, confinamientos y miseria por todas partes. Tengo pesadillas. Solo de pensar que nos retrasan de fase como ha pasado en varias zonas de Huesca se me ponen los pelos de punta. El año ha sido muy largo, el curso que viene no tiene pinta de que vaya a ser precisamente tranquilo, ¿podríamos tener un verano medio normal? Es que veo a mucha gente con una pachorra con el tema de mascarillas, distancias y tal que alucino. El otro día comentaba un periodista navarro que vive y trabaja en Madrid que flipaba con que casi nadie llevase mascarilla en el Casco Viejo de Pamplona, que la diferencia en ese aspecto con Madrid era considerable. Yo, la verdad, he ido un par de tardes a lo Viejo y si no hay rebrotes es o porque el virus no quiere o porque efectivamente al aire libre no se transmite apenas, porque es espectacular la pachorra de la mayoría. Ya no es cuestión de que te vaya a pillar el bicho o de que lo vayas a pasar a otros, es el pastel –laboral, social, sanitario, económico– que se viene de nuevo si aparecen de golpe unos cuantos casos y se va otra vez de las manos. ¿Qué parte de todo esto no ha entendido alguna gente? Sí, posiblemente salgamos de esto sin volver atrás, posiblemente ya digo que en este miedo entre la parte personal de que me quiero largar unos días y me acojona la idea de que cuando esté en la puerta haya un rebrote aquí o a donde vaya y tenga que seguir chupando mi pared o mi acera, pero también hay una parte de asombro: el virus no sabe de fases, de normalidad, ni de nada de eso. Y si ahora pasan cosas, ya no va ser culpa de que no nos avisaron. Estamos más que avisados. Tengamos un verano medio digno, cojones. No cuesta nada manejarse con algo de miedo y de cuidao.