Botellón

27.09.2020 | 11:37
Meteoritos, por Carlos Pérez Conde

Diferencias en origen. Pícnic: "Comida campestre. Excursión para comer o merendar sentados en el campo". Botellón: "Reunión al aire libre de jóvenes, ruidosa y generalmente nocturna, en la que se consumen en abundancia bebidas alcohólicas". Definiciones académicas un tanto prejuiciosas. Lo ortodoxo y lo alternativo; lo formal y lo informal; lo elegante y lo guarro; lo sano y lo pernicioso. La población de los países nórdicos esos que miran con razonable recelo la tendencia al despilfarro y a la frivolidad en el gasto de los sureños, a su fraude y a su corrupción disfruta de la cita campestre en los parques los pocos días iluminados y calentados por el sol. De lo más saludable en tiempos de pandemia: convivencia familiar y social al aire libre. Aquí no se practica el pícnic urbano. Aquí se ingieren bebidas alcohólicas, solas o mezcladas, con alguna bolsa de picoteo, sentados en plazas, calles o jardines. No siempre de noche. Siempre con cierto nivel de ruido (pura antropología mediterránea). Los del pícnic y los del botellón han comprado en tienda, no en un establecimiento de hostelería. Si el botellón fuera ordenado en su desarrollo y limpio en su desenlace, pasaría por un pícnic humilde. Pero los practicantes del botellón molestan a los bares como una manifestación desleal, incomodan con su barullo y desquician por el abandono de los restos y la consiguiente imagen de suciedad. También lo desacreditan al montarlo como artimaña infractora en momentos excepcionales. Desafío estúpido a la prudencia y a la sensatez. Treta peligrosa e insolidaria. La victoria de la hormona estimulada sobre la neurona atrofiada. La propia denominación institucionalizada de "no fiestas" una torpeza ha resultado una provocación. El inicio en el consumo de bebidas alcohólicas es muy temprano. El coqueteo con su graduación original o potenciada no se combina con información precoz y pedagógica. Directos al trago. Y luego vienen los malos tragos.

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