No sé por qué extraña confusión de ideas, cambié en mi cabeza el orden de la divulgada frase de la vicepresidenta. Quizá porque me parecía más racional e incluso más elegante en boca de una alto cargo de tanta relevancia política y pública. "En mi vida he cobrado un puto sobre". Dicho así, me sonaba más lógico que si el exabrupto incidiera más en lo material que en lo personal, sobre todo porque la intrahistoria reciente del PP -y por lo que vienen demostrando las investigaciones también la de los últimos lustros- está escrita en esa correspondencia opaca de sobres que, al parecer, corrían de mano en mano repartiendo importantes cantidades de dinero. Entendía, por tanto, que Soraya tratara de desmarcarse con rabia de esa antología de la corrupción de su partido, de ese trasiego de correos sin sellos ni matasellos, sin nombre del destinatario y mucho menos del remitente en el reverso. Y porque además, cuando uno recibe un sobre, bien en el formato tan sibilino e intrigante como el de correo certificado, o luciendo el membrete de un banco o el de la compañía de la luz o del agua, sospecha, sí, que ese "puto sobre" casi seguro que no es portador de buenas noticias. Y ya no digo nada si la mano que lo entrega es la de un jefe de personal...

Pero me he ido por las ramas. Por todo lo anterior, ya digo, me extraña que Sáenz de Santamaría pusiera el énfasis en su presunta mala vida: "En mi puta vida he cobrado un sobre", eso es lo que dijo. Ella, miembro del cuerpo de abogados del Estado, profesora de la Carlos III de Madrid, casada con un alto asesor de Telefónica... No es el paradigma de alguien a quien le hayan ido mal las cosas (y quiero creer que será por méritos propios). Otra cuestión diferente es componer el gesto en incómodas ruedas de prensa donde hay que maquillar cifras del paro o buscar eufemismos para explicar las últimas anotaciones de Bárcenas en un libro de contabilidad oculto. Pero eso, Soraya, va en el puto sobre en donde te pagan la nómina.