las puertas cierran casas. Pero también las abren. Son el umbral por el que se comunica el domicilio particular con el espacio público. Un portal es una suma de puertas que se abren y se cierran, que acogen a una comunidad de personas con sus vidas y sus historias. A veces ocultas, otras conocidas. Vivo desde siempre en un barrio obrero. Solidario y humilde, pero lleno de dignidad. En un portal tranquilo, de gente trabajadora, que es también un buen reflejo de esta sociedad encogida por el paro y las dificultades económicas. El otro día, el domingo a media tarde, sonó el timbre de la puerta, abrí esperando ver a algún vecino y me encontré con una mujer de mediana edad que sin mediar palabra empezó a contarme una historia dura, la suya: la iban a desahuciar si no reunía en 24 horas 500 euros para pagar una letra de su hipoteca. Sus trabajos puntuales de limpiar otros portales y tareas informales no le daban para reunir esa suma ni tampoco la ayuda de su parroquia. Ella y sus hijos podían quedarse en la calle. Lo contó de tirón mirándome a los ojos ¿Era verdad? ¿Mentira? No lo supe. ¿Cuántas puertas tendría que tocar para lograr esa suma? ¿Y el mes siguiente? Le hablé de la PAH, la conocía y le habían ayudado ya. Le dije que esperara. Rebusqué en la cartera y le di lo que pude. Ella me lo agradeció y siguió llamando a otra puerta. Yo cerré la mía. Me quedé con un cuerpo extraño. No sabiendo si hacía bien o mal. Si dudaba de ella me sentía tan miserable como quienes lanzan campañas contra el fraude en la renta básica como si el supuesto fraude de los pobres cambiaría algo las cosas y al creerla tenía que darle dinero sabiendo que este tipo de ayuda no es la mejor forma de acabar con la pobreza y la injusticia. Hice lo segundo, le creí y le ayudé. No sé cuantos más lo hicieron ni si consiguió el dinero, solo estoy segura de que esa mujer nunca pensó que tendría que llegar a esa situación. La pobreza no es como el mal tiempo. No es una causa natural. Es una catástrofe humana y a veces, como esa tarde, llama a tu puerta y tu puedes estar en cualquiera de los dos lados.
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