a Felipe le han pasado un puesto vitalicio, pero también una herencia envenenada. La de su padre y la de sus ancestros. El primer monarca de la Casa de Borbón que reinó en España fue su antecesor ordinal, Felipe V (entre 1700 y 1746). Era un retrato de este rey, de niño, el que colgaba a la espada de Juan Carlos el día que este anunció su abdicación. El cuadro estaba expuesto de forma natural, cabeza arriba y pies abajo. Sin embargo, el revuelo informativo de estos días ha desvelado que hay una pintura de Felipe V expuesta cabeza abajo, se encuentra en el museo de L'Almodí de Xátiva (Valencia) y el artístico giro tiene su explicación histórica.
Felipe V decretó la abolición de los fueros del Reino de Valencia y ordenó incendiar Xátiva en 1707 como medida ejemplificadora para otras poblaciones que planearan sublevarse contra el monarca. En fecha todavía no datada, alguien sopesó que aquella salvaje agresión no podía quedar en el olvido y decidió que ese cuadro del primer Borbón -pintado en 1719 por un artista de la localidad- debía penar sus culpas colgado cabeza abajo. Y así sigue hoy; porque cuando un alcalde propuso en 1995 restaurarlo a su posición natural (a condición de que la Casa Real pidiera perdón en nombre de su antepasado), el vecindario puso el grito en el cielo y al alcalde en la tesitura de, si no escuchaba el clamor, verse él colgado en la plaza mayor y no de una pared. El cuadro se ha convertido ya en un símbolo. Ya han anunciado que ni la subida al trono de Felipe VI les va a hacer mudar de opinión.
No es mal ejercicio de protesta pacífica ese de exhibir cabeza abajo el retrato de los prebostes que han amargado la vida a la población. En Navarra hay galerías de imágenes de alcaldes y presidentes del Gobierno en las que más de uno y de una han hecho méritos para ser volteados por su actuación pública; también de jefes del Ejército, algunos obispos y hasta de presidentes de equipo de fútbol. Y tenerlos así durante siglos, para que sirva de escarnio y de ejemplo.