Hay dos tipos de individuos dentro de la naturaleza humana: los que matan a los de su especie (hombres/mujeres) y los que matan animales. Los hay también que matan a todo quisqui sin importarles la especie ni sobre cuántas patas caminan. Y los que respetan la vida de todo ser que habita el planeta. Bueno, hay más de dos tipos de seres humanos y una gran variedad de seres inhumanos. En las mismas fechas que un padre asesina a sus dos hijos en Ubrique, en las redes sociales y en la calle se despliegue un ruidoso movimiento en defensa en la vida del perro de la enfermera infectada por ébola en Madrid y al que las disposiciones (también le llaman protocolos) para evitar posibles contagios aconsejan sacrificar. Quizá por eso el Ayuntamiento de Pamplona liquidó al ciervo de la Taconera que atacó a un funcionario y lo comunicó a la prensa a posteriori. Sacrificar parece que tiene una lectura diferente de matar, porque el término se cobija en la categoría de ofrenda o de decisión amparada en fuerza mayor. También en Texas o en China las autoridades políticas pueden argumentar que sacrifican a delincuentes y disidentes por mor de una causa mayor a la que llaman defensa del buen orden. Su orden. Hay muchas clases de seres humanos e inhumanos y muchas formas de tapar la eliminación pura y dura de un ser vivo. En esta misma semana que unos sicarios eliminaban (o sacrificaban por ajustar cuentas) a tiros a dos personas en un puticlub de Medina de Pomar, un hombre entregaba su vida en Getxo intentando rescatar a su perro de las garras del mar. Se los llevó a los dos. A mí me parece una heroicidad, un enorme gesto de humanidad, un dechado de humanismo; un tributo a la fidelidad, a la compañía y al cariño. Me dirán que soy un poco animal...; pues sí, llevo unos años que no puedo evitarlo, sobre todo contemplando lo que hacen cada día presuntos seres humanos.
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