No es asunto para tomar a broma. Periódicamente, los medios de comunicación recogemos denuncias que alertan de la presencia sospechosa en determinada población de un individuo que desde un coche intenta atraer la atención, al parecer con perversas intenciones, de niños y niñas. Ahora, con las redes sociales a pleno rendimiento, la rumorología sobre sucesos similares corre como la pólvora por la facilidad para multiplicar y difundir el mensaje aunque no esté contrastado. Pasó en Navarra en el reciente verano; sin embargo, estos días el suceso ha tomado tintes de veracidad ante la denuncia interpuesta por una familia de Oteiza de la Solana. Ya digo que el asunto no es para tomárselo a broma y mucho menos después de conocer al detalle las andanzas del presunto pedófilo de Ciudad Lineal en Madrid. Cualquier prevención es poca.

Pero esos hombres sin identificar que viajan en coches siempre me evocan la leyenda urbana del hombre del saco. Ese individuo, con capacidad para estar en mil lugares a la vez, era de una eficacia tal que lo mismo servía para que volviéramos a casa antes de anochecer, para no dejar las acelgas en el plato o para no incordiar a los padres en una noche de insomnio. En mi pueblo, atravesado de punta a punta por una carretera, el hombre del saco circulaba en un vehículo con matrícula extranjera (en el franquismo el peligro siempre venía de fuera?) y repartía caramelos envenenados desde la ventanilla. Y corrían leyendas de niños robados, aunque sería años después cuando nos enteramos de que los niños de donde desaparecían era de algunas maternidades y para venderlos a matrimonios con dinero pero sin hijos.

Hoy, el hombre del saco navega por Internet, encubierto tras las nuevas tecnologías, en donde ha encontrado un campo abonado para sus fechorías. Y el perfil del personaje también se ha diversificado: tiene buena pinta, es un alto cargo y ya no utiliza el saco para robar niños sino para trasladar el dinero robado en mil corruptelas a un paraíso fiscal. ¡Ojo con esos sujetos! Si un día un coche para cerca de usted y el conductor le ofrece una tarjeta black desconfíe, desconfíe.