Las medallas en esta tierra, en la que está claro que ya ha desaparecido el oro, sirven para que se las cuelguen los mismos de siempre a ellos mismos. No da para mucho más. Como tampoco el debate suscitado tras el anuncio del Gobierno de Navarra de distinguir -mezclando de paso churras con merinas- a Félix Huarte y Miguel Urmeneta en reconocimiento a “su impulso a la Programa de Promoción Industrial (PPI) de Navarra de 1964, que propició la transformación económica y social de la Comunidad Foral”. El Parlamento ha hablado claro y ha pedido la retirada de esta medalla, petición que el Gobierno desoye. Y ha dado una alternativa: Puesto que, sobre todo uno de los personajes, estuvo muy ligado al franquismo, a quien debería corresponder el premio es a las 3.400 víctimas navarras de la dictadura. La generación de nuestros abuelos. Como reacción no me parece mal. Sin embargo, reconociendo eso, creo se ha perdido una buena oportunidad de respuesta de mirar más a los sujetos colectivos que a nombres propios. Estoy pensando en la generación de nuestros aitas. Quizá mejor que premiar a esos protagonistas de la supuesta “industrialización”, se podría reenfocar el tema y proponer la distinción a los miles de obreros y también ya entonces obreras que en esos años trabajaron en esas fábricas y, sobre todo, se comprometieron en huelgas y luchas sindicales y polémicas por unos derechos sociales y laborales que nos legaron y que, por desgracia, por culpa también de los herederos de quienes mandaron en el franquismo, estamos perdiendo. Navarra se convirtió en los años 70 en la quinta provincia con mayor conflictividad sólo superada por Barcelona, Gipuzkoa, Bizkaia, Asturias y Madrid. Motor Ibérica, Potasas, Matesa, 1 de mayo, huelgas generales. De la fábrica a la calle. El compromiso social fue plantando cara a la dictadura y conquistando espacios con un alto coste personal. No tienen apellidos de alcurnia ni aparecen en los libros de Historia. Pero sus caras y sus puños que nos miran desde las fotos y las hemerotecas nos recuerdan que querer es poder. Una generación de oro que bien podría haber merecido una medalla. Aunque fuera para rechazarla.