Desde el momento en que aceptamos que nadie es capaz de todo, aceptamos que todos tenemos alguna discapacidad o somos incapaces de algo. Es una de las reflexiones que se han escuchado esta semana con motivo del Día Internacional de la Discapacidad. Una jornada marcada por una doble vertiente. Por un lado, la demanda, por parte de las asociaciones de afectados, de medios y recursos en tiempos de recortes sociales como los actuales, para no truncar los sueños de miles de personas iguales al resto, pero diferentes en tanto que tienen, sin que dependa de ellos, muchas más dificultades para integrarse socialmente. Personas que necesitan programas específicos que les permitan desarrollarse como ciudadanos y ciudadanas y facilidades para poder acceder a un puesto de trabajo en un mercado laboral demasiado volcado en la obtención de beneficios materiales más que sociales. Si para todos es imprescindible poder trabajar para vivir, para ellos todavía lo es más. Y por otro lado, en días como el de la Discapacidad tenemos la oportunidad de conocer de primera mano esas historias de superación con las que cada día nos cruzamos pero no somos capaces de percibir. Es cierto que la limitación en el caso de las personas que van en silla de ruedas no la pone siempre la silla, porque muchos de ellos llevan a cabo actividades o deportes que cualquier otra persona no sería capaz de hacer. Pero no es menos cierto que todavía son pocos los que consiguen vivir sus sueños por encima de sus limitaciones. Ellos reconocen que no se trata de poder, sino de querer. Ese viejo reto que no siempre se puede llevar a buen término. Estoy segura que mucho más allá de los casos que estos días saltan a la prensa como historias merecedoras de ser contadas, existen miles de casos igualmente protagonistas que aunque quieran no pueden. Tiene que ser muy difícil. Por ello, no es de recibo que nos volquemos en la discapacidad un día, olvidándonos el resto. Pasa con casi todos los días de algo. Se recuerda hoy, se dan datos, se buscan protagonistas y a la vuelta del calendario se guarda el tema y se saca de nuevo un año después, casi siempre envejecido y empeorado.