Concluía hace unos día en la Ciudadela de Iruña la exposición de Xabier Morrás, una de la muestras de arte que más visitantes ha congregado en los últimos meses. No ha sido la única, suele ocurrir con artistas locales de trayectoria reconocida por muy dispar que ésta sea. Por suerte aquí no faltan grandes nombres y el arte cercano nos resulta casi siempre un camino más transitable. En la exposición de Morrás se presentó una pieza que ya forma parte de la historia, un cuadro monumental sobre la batalla de Amaiur, un homenaje del artista a su mundo y a su pueblo que congregó todas las miradas en la sala. Un cuadro, que como pasa con las grandes obras, ahora, ganado el apoyo de su público, necesita el respaldo del paso del tiempo, que no siempre pasa igual por el arte. Hay ejemplos para todo. Basta mirar el famoso cuadro de Antonio López dedicado a la familia real, un trabajo demorado 20 años cuyo resultado no solo llega tarde sino fuera de todo tiempo. Esa familia que retrata ya no es real en el doble sentido de la palabra. La historia ha invalidado la pintura original con un Rey que ya no lo es. De llamarse La familia real a ser La familia de Juan Carlos I. Por no entrar en cómo está la familia hoy día, con un yerno apunto de entrar en la cárcel, una infanta cuestionada, la otra divorciada... En fin. El arte es reflejo de su tiempo y desde luego a Antonio López le ha quedado anacrónico. Pero a veces ocurre también lo contrario. Es lo que ha pasado con otro cuadro que pronto tendremos la oportunidad de ver en Pamplona, la obra de Antoni Tàpies L’esperit català (1971) (El espíritu catalán), la pintura más comprometida políticamente con el catalanismo, con una fuerte carga política y que cobra más actualidad si cabe ante la situación que se vive en Cataluña. El tiempo no solo la ha revalorizado sino que ha mantenido intacto su mensaje artístico y político. Poco podría imaginar María Josefa Huarte cuando la compró en París en 1973 (no se expuso al público en España hasta 1980) que el momento político de su puesta de largo en el Museo Universidad de Navarra sería el que es. Es lo que tiene el arte. Que sea cual sea el momento habla por sí mismo.