Ver a los músicos detrás de una pancarta es una imagen ya habitual en Navarra. Este colectivo ha salido en numerosas ocasiones a las calles en las últimas décadas obligado por la dejadez de la Administración hacia una disciplina fundamental para la educación, el desarrollo y la sensibilidad de las personas. Cierto es que seguimos en crisis, que en tiempos de tanto descalabro social cuesta a veces defender inversiones que no vayan directamente a los pilares del Estado de Bienestar, ya tambaleantes por tanta patada, pero no es menos cierto que hay una perversa intención de confundir siempre que se habla de educación musical, o de música en general, tratando de colocarla en el lado de lo prescindible, como si quienes deciden ganarse la vida tocando el piano o enseñando a otros a que lo hagan no fueran tan necesarios para esta sociedad como el ingeniero que diseña carreteras o levanta hospitales. Como si no se quisiera reconocer que sin música la vida aún sería peor. La hemeroteca no perdona y la memoria tampoco. Han pasado distintos consejeros, de Educación y de Cultura, todos del mismo partido, eso sí, y la política insensible hacia la música se ha mantenido. Está claro que amansa a las fieras pero no a determinados gestores. El alumnado, el profesorado, padres y madres y la sociedad en general han pedido muchas veces un trato digno para la música, porque mucho antes de que la crisis lo arrasara todo, este sector ya estaba arrasado. Primero fue la pelea por un centro en condiciones, luego por un Conservatorio Superior, más tarde por unas convocatorias para el profesorado similares a las del resto de docentes, respetando la particularidad de la enseñanza musical... y así podríamos seguir en una sucesión de peticiones que se han chocado una y otra vez con el rechazo o la dejadez de los gobiernos que han apostado por la interinidad del profesorado en una metáfora clara de que los músicos, aquí, están de paso. Y ahora de nuevo toca mover ficha en una oportunidad histórica de convocar por fin oposiciones para acabar de una vez por todas con situaciones del pasado, injustas para unos y nada justas para los otros. Veremos cómo acaba la partida.