Podemos. Primera persona del plural del subjuntivo del verbo podar: ‘eliminar de algo ciertas partes o aspectos por considerarlos innecesarios o negativos’. Y a esta tarea de podar, de ir cercenando poco a poco a un brote político incómodo llevan entregados los dirigentes y el aparato mediático de PP y PSOE desde que las encuestas pusieron cifras y porcentajes al respaldo popular al partido de Pablo Iglesias. Como si fuera un pacto de Estado encubierto, unos y otros no escatiman esfuerzos en buscar elementos para talar un árbol que va echando poderosas raíces, y lo mismo sirve la facturación de un trabajo externo de un profesor universitario que las relaciones con el gobierno de Venezuela, incluso bucear en argumentos de prensa rosa para enjuiciar desde el punto de vista político lo que solo son relaciones de pareja (luego rotas, pero que también dan que hablar...).

Así que solo había que asomarse ayer a la ventana de la televisión para escuchar como los mensajeros de la derecha y los del Partido (SO) Español tiraban de guion para desmontar los últimos datos del CIS: que Podemos supera en las encuestas a las siglas que lidera Pedro Sánchez y acecha ya al partido en el Gobierno; y que además es el primer partido en intención directa de voto. Entre el tópico argumentario al uso, aparece un tipo tan poco sospechoso como Luis María Anson para señalar que, aunque no comulga con sus postulados, Pablo Iglesias tiene más madera de líder que sus adversarios e infinita capacidad dialéctica y de comunicar, de la que carecen, subrayaba el veterano periodista, la inmensa mayoría de quienes descansan sus posaderas en un sillón del Congreso.

La consigna es: contra las encuestas, podemos. Vale todo y en los próximos meses seguro que veremos cosas inusitadas. Pero tengo para mí que el movimiento que abandera el cambio real, el fin de ese bipartidismo tan falso como el acuerdo contra el yihadismo firmado esta misma semana, está ya por encima de Monederos y Errejones. Unos podan. Los otros pueden.