El único consuelo que le puede quedar a la industria cultural es que una mínima parte siquiera de los libros, discos o películas que se descargan ilegalmente, nada menos que 4.455 millones de contenidos en el último año, se lean, escuchen o vean. Consuelo, eso sí, más que relativo porque dudo que tanta ilegalidad sirva para crear una sociedad más culta, al menos si entendemos la cultura como un derecho y un motor de transformación social que nos hace más sabios y libres. Consumir productos culturales de manera ilegal, piratearlos, es como ir a la carnicería pedir la compra del día y largarte sin pagar porque cuando sales por la puerta no hay nadie que te lo impida. Robar en definitiva. Descargar es mucho más fácil, desde luego, es sentarte y hacer un clic, esperar unos minutos y almacenar en los distintos dispositivos cientos, miles de libros, de todo tipo de género y autor, que seguramente nunca se leerán y que el mero hecho de que estén a disposición de un clic de manera ilegal perjudica y mucho al autor y a sus ideas, a la cultura y al ciudadano en general que crece percibiendo que algo delictivo no lo es. La piratería es un mal que se ha metido en nuestras casas de manera silenciosa pero con intención de quedarse. Hay ya generaciones enteras que consideran que piratear contenidos es lo normal, que es un derecho en lugar de una vulneración de los derechos de los autores, que para que comprar un disco si lo tengo gratis en Internet, para que pagar por el cine si me pasan la película y la veo en el sofá y sobre todo por qué no usar esos contenidos si están en la red, al alcance de todos, y por esa red ya hemos pagado... lo de leer libros es otro tema porque aquí se lee poco, pirateado o no. Es complicado el debate, pero es urgente poner algún tipo de remedio. Uno puede ser una ley que proteja los contenidos y a sus autores, otro bajar el IVA de los productos culturales, un tercero abaratar los precios... Quizás si hacer clic y bajarte un libro costara un precio más asequible algunos de esos miles de piratas no lo serían. Otros seguramente si, los que no consumen cultura sino que mercadean con ella. Doble delito, robar no por necesidad sino por vicio.