Para quienes vivimos todo lo que está ocurriendo en Osasuna desde nuestra visión de ciudadanos y ciudadanas, espectadores sí, pero lejos de la grada de los forofos y aficionados al fútbol, parece claro que el sentimiento que manda no es el del osasunismo, sino el de la indignación y el rechazo hacia lo que, de probarse, es un fraude social que tira por tierra muchos de los valores que se transmiten con el deporte. Aunque una cosa es el deporte y otra el fútbol, al menos entendido en su máximo nivel como espectáculo y negocio. Mucho se ha dicho y escrito estas semanas sobre Osasuna, el apego a los colores, la camiseta, el club, la afición... y ciertamente a todo ello han traicionado quienes han llevado la pelota del campo de juego al juzgado. Pero aunque se habla mucho, se sabe poco. Y tenemos derecho a saber. 19 imputados son muchos como para que todo esto acabe en nada con declaraciones contradictorias y desmemoria. Y si acaba en nada, acaba con todo. La mentira continuada arrastrará no solo a quienes no han contado lo que saben sino al deporte en su conjunto, esa mentira que permite el todo vale para ganar, triunfar o estar arriba; que consiente que hay que saltarse las normas, doparse, comprar partidos y lo que haga falta. Todos dicen que eso es verdad y todos dicen que es mentira. Que apaños ha habido siempre pero no ha ocurrido nunca. No sé que transmitirán los entrenadores estos días a los chavales y chavalas que con toda su ilusión se visten la camiseta y salen al campo a darlo todo; es complicado mantener los valores del esfuerzo, el equipo, la honestidad, la honradez y la competición sana cuando estamos viendo lo que vemos. Sorprende que desde el mundo del fútbol miren para otro lado, como si la raíz que están tratando de arrancar con Osasuna no fuera la que aguanta la planta de toda la competición de ese deporte y por tanto puede arrastrarlo. No es solo Osasuna lo que se juzga, es el prestigio de una modalidad deportiva que para gran parte de la sociedad ya está desprestigiada, por los contratos multimillonarios de los jugadores en plena crisis o por lo mucho que el fútbol como deporte rey ha robado a otras disciplinas.