La poesía es un arma cargada de futuro, ya lo escribió Gabriel Celaya refiriéndose a esa poesía de “quien toma partido hasta mancharse”. Creo que es una buena metáfora del papel que muchas palabras dichas a tiempo y algunos gestos y acciones, individuales o colectivas, pueden tener para cambiar el curso de los acontecimientos. Escribir mensajes que cuestionen el sistema establecido es una forma más de activismo social pacífico, como otras tantas que en los últimos años están proliferando y que de cuando en cuando saltan a ser noticia y copan las redes sociales, consiguiendo dar en la diana del objetivo que persiguen. Es tal la repercusión mediática que alcanzan que son la mejor garantía de que causas silenciadas se escuchen y hagan visibles. El activista cívico no es nuevo, pero con las redes sociales lo tiene mucho más fácil para multiplicar el efecto de su acción; ese ciudadano o ciudadana que con una buena dosis de valentía y atrevimiento, pone su cuerpo al servicio de la defensa de las libertades públicas y el Estado de Derecho. La última de estas acciones fue apenas dos días, cuando una activista armada con confeti se coló en una rueda de prensa del Banco Central Europeo, saltó sobre la mesa y arrojó confeti sobre Mario Draghi, además de un puñado de cartas contra el BCE. Fue arrestada y liberada sin cargos. Ha habido otras acciones más cercanas, como en 2011 cuando varios activistas, esta vez armados de dulces, saltaron en un acto en Toulouse contra el Tren de Alta Velocidad y lanzaron tres tartas a la presidenta del Gobierno de Navarra, Yolanda Barcina. La Audiencia Nacional les condenó a dos años de cárcel. Suerte parecida han corrido activistas de Femen, esas mujeres con su cuerpo como única arma o los y las de PETA, que se desnudan contra el maltrato animal, o el periodista iraquí que se atrevió a lanzar un zapatazo a George W. Bush. Son solo algunos ejemplos de la resistencia en forma de acción no violenta como táctica de protesta y desobediencia civil. Algunos dirán que quienes los sufren se sintieron violentados, y seguramente sí, pero más nos violentan a los ciudadanos y ciudadanas muchas de sus decisiones.