Hace menos de una semana, el euskera volvía a brillar con luz propia y con toda su intensidad en esta Navarra en la que el sol tantas veces se ha tapado con nubes intencionadas para tratar de marchitarlo. La fiesta de Sortzen en primavera, como la del Nafarroa Oinez en otoño son muestras incuestionables de que el euskera, su uso y su vitalidad están muy por encima de quienes pretenden silenciarla a golpe de recorte, asfixia presupuestaria y políticas lingüísticas incapaces de saber que las lenguas suman y no restan. Esas fiestas populares son, además, una demostración de la gran fuerza social que existe y que es, en definitiva, la misma que tira en la dirección del cambio, esa palabra tan dicha y repetida estos días por unos y otros cuyo significado está en el aire a la espera de saber qué decidimos los ciudadanos y ciudadanas y, sobre todo, qué deciden después quienes serán los depositarios de esa voluntad social. Y es que son muchas las cosas que están en juego y muchas la desigualdades que se han asentado ya. Lo único bueno de tanto retroceso es que los damnificados, de una manera u otra, somos todos, lo que ha revitalizado el papel de la sociedad. Y es esa fuerza colectiva lo que ha permitido, por encima de las políticas, algunos logros como que por ejemplo en el Roncal hoy el euskera sea una lengua viva. Una lengua que mañana celebra su fiesta anual decidida a seguir construyendo un Pirineo euskaldun. Que las tradiciones perdidas, como la lengua perdida, reviven a base de impulsos; que igual que las almadías bajan de nuevo por el Esca, el pan sigue horneándose en Burgui en el horno de leña con una receta ya heredada por una nueva generación que le dará continuidad... al igual, el euskera que hablaron nuestros abuelos y que hoy apenas algunos recuerdan haber escuchado, llena ya las calles empedradas de los pueblos. Sus hijos lucharon por recuperarla y sus nietos viven ahora en ese idioma. El Roncal puede decir, no sin orgullo, que ya es de nuevo un valle euskaldun, y lo es sobre todo gracias al modelo D público y al empuje social. También allí el euskera brilla con luz propia después de un eterno invierno de oscuridad. Ekialtea, Uskareren Dirdira!!.
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