El ciudadano o ciudadana que espera ser atendido en una consulta que nunca llega se desespera, esa es única la verdad que no admite dudas y sobre la que no caben mentiras. Quien no lo ha vivido en primera persona seguro le ha tocado de cerca con algún familiar o amigo. Ese eterno proceso de esperar y reclamar y volver a esperar para volver a reclamar. Y mientras resignarte a sentirte cada vez peor. El resto, las cifras, quizás sean interpretables, pero cuando más de 55.000 personas en Navarra están pendientes de recibir una cita para una consulta que les abra un camino de curación en la dolencia que sea, creo que no cabe otra política que la que pone por delante de cualquier interés partidista el verdadero interés de las personas, de los ciudadanos y ciudadanas que no tienen por qué saber si su desesperante situación se mide cada mes o forma parte de un dato interanual. Ocurre como con el desempleo, ¿de qué le sirve a un parado que no encuentra trabajo y se le acaba la prestación que cada vez que el dato del paro de un mes es positivo los políticos alardeen y se cuelguen medallas, si su situación no mejora? No basta con que se reduzca el desempleo a cualquier precio, hay que crear trabajo estable y de calidad, especialmente empleo para quienes más lo necesitan. Nadie estamos a salvo de entrar en esas listas, como en otras. Para el 96% de los navarros las listas de espera en Sanidad son un problema grave. Es más, es quizás el más grave de los problemas aparte de su propia salud. Y es algo que las políticas sanitarias tienen la obligación de abordar con hechos que sean percibidos por la sociedad más allá de las palabras. La situación a la que se ha llegado en Navarra no es fruto de un día y su solución no será inmediata. Pero entristece lo ocurrido esta semana entre el Gobierno de Navarra y el principal partido de la oposición UPN, responsable de la política sanitaria de las dos últimas décadas, al ensarzarse en una serie de réplicas y contrarréplicas en torno a la cifra de las listas de espera en la sanidad pública y su evolución desde la toma de posesión del nuevo ejecutivo. Una acción de gobierno de apenas seis meses ni reduce ni aumenta las listas de espera sanitarias, eso lo saben todos, por eso no deberían utilizar la salud como un arma de acción política.
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