De vez en cuando necesitamos noticias reales con un toque de irrealidad, historias grandes o pequeñas que nos provoquen una sonrisa de incredulidad y que nos permitan cambiar de tercio y dejar de lado esta desconcertante política de nuestro tiempo. Desconcertante aquí y allá. Y por suerte estas noticias no suelen faltar, aunque a veces pasan desapercibidas aplastadas por el peso de eso que llamamos actualidad. Pero, ¿qué hay más actual que el ciberamor en estos días de febrero cercanos a San Valentín? Si casi toda nuestra vida pasa ya por alguna pantalla, es normal que las relaciones cada vez más se refugien en ellas. A través de las redes se conoce gente y surgen ligues ocasionales o amores duraderos en esa cercanía virtual que para el amor, creo, nunca deja de ser distancia. El anonimato que te permite Internet es ideal para que cada cual se muestre como no como es, sino como cree que gustará más a los otros; en definitiva, esconder los defectos y mentir impunemente. Eso es lo que le pasó a una mujer australiana que ha protagonizado la noticia de la semana. Cuando ya nadie cae en el viejo timo de la estampita o en el del tocomocho, esas trampa en blanco y negro que parecen ancladas en el pasado, surge de pronto el timo del cibernovio, por el que una mujer ha perdido 100.000 euros, la cantidad que ella adelantó porque, víctima de un engaño, creyó que pagaba el hospital al supuesto novio que había conocido por Internet y del que se fío hasta su cibermuerte. Su falso amor tuvo que morir, aunque no había cuerpo, para que ella decidiera salir de la nube virtual y trasladarse hasta Pamplona y descubrir aquí el tinglado. Está claro que nunca se está libre de caer en una trampa y más si el amor, el mal amor, está de por medio, ese amor que ciega y oculta verdades, que nada tiene que ver con el auténtico enamoramiento. Este timo del cibernovio es la imagen misma del engaño del siglo XXI. No sé que le habría dejado más triste a esta mujer australiana, si la pasta que le habían levantado, que quizá recupere una vez tramitada la denuncia, o el saber que nadie le quiso por mucho dinero que se jugó. Cuando nos enamoramos somos vulnerables y me imagino a esa mujer, cuya edad no ha trascendido, tramitando feliz sus transferencias de dinero, como quien le regala un iPhone 6 a su pareja recién conocida, y derrotada finalmente al sentirse engañada. ¿Parece o no el guión de una película?
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