La Educación vive amenazada, casi invadida, por dos ámbitos que le son ajenos. A cada cual más peligroso. Mucho se ha hablado recientemente sobre el riesgo del uso partidista de la Educación y de la necesidad de un pacto educativo. Parece que la política, en su inevitable vertiente de partido, debiera estar al margen de algo tan importante como la formación de los futuros ciudadanos y ciudadanas o al menos aceptar que cada cambio de gobierno no se traduzca en una nueva ley, en nuevos materiales... El cortoplacismo de la política actual y la tentación de fabricar adeptos no son buenos aliados en la formación. Lo que no quiere decir que no se deba incidir en la Educación desde la política, al contrario, hay que tener una política educativa clara que tenga en el fortalecimiento de la enseñanza pública su principal línea de acción y eso tiene que ver con el respeto a la libertad de elección, sí, pero sobre todo con la necesidad de garantizar un servicio público de calidad. A veces, por desgracia, se olvida esto y detrás de grandes conceptos se esconden visiones interesadas que, sobre todo en épocas de recortes, dejan desvalida a la escuela pública, al vaivén de la demanda o subsidiaria de la privada, acogiendo de paso lo que ésta no quiere. No hay más que ver las ratios de alumnos con necesidades educativas especiales o de origen extranjero para verlo. Porque el deber de la Administración no es sólo atender la demanda sino potenciar una oferta (también desde el factor lingüístico) potente y de calidad. Cueste lo que cueste. Quitando de donde se pueda quitar. Y es que en la planificación educativa también hay que saber hacer números. Echar cuentas. Lo que no debe traducirse en deslizarse por el peligroso mundo del márketing con campañas de publicidad, ránking de colegios y de alumnos, notas de corte, promesas de excelencia... Algo que como bien advertía el experto Miguel Ángel Zabalza en el Consejo Escolar, lo empieza a invadir todo, olvidando que el centro de la educación es que el alumnado disfrute, aprenda y se forme como una buena persona. Lograr un alumnado feliz, ese es para este experto el mejor resultado. Lo mismo se podría decir de equipos docentes atenazados entre las falta de vocaciones, los recortes y los rígidos esquemas de sistema de calidad que transforman los colegios en empresas, las familias en clientes y la educación (un derecho) en mercancia.