en los tiempos que corren parece más fácil que nunca meter mano a la caja y llevarte lo que pilles, eso sí, dentro de la legalidad, como si todo lo que es legal no pudiera ser inmoral y totalmente rechazable. Coger lo que te ofrecen sin preguntarte la procedencia y ampararte luego en esa falsa ignorancia del “yo no sabía”, o “el pensaba que estaba bien”, o “si todos lo hacen...” para llevar a cabo enriquecimientos imposibles de justificar con los ingresos de cualquier trabajo. Es alarmante ver hasta donde somos ya una sociedad corrupta, en pequeña y gran escala, una sociedad que desde muy distintos ámbitos ha caído en la trampa del dinero fácil, del engaño, por voluntad o por costumbre. Vivimos rodeados de escándalos de tal magnitud que nos ciegan, con la sensación de pertenecer a una sociedad sin demasiados valores en alza. Solo hay que mirar el día a día, donde nos encontramos con pequeños gestos nada correctos que damos por buenos y que son pequeñas corrupciones que vamos pasando por alto. Me refiero a cosas simples como el que no pone bote en la cuadrilla y no para de consumir, o al listo que se ofrece para llevarlo y se queda cada día con lo que va sobrando, al que pide la ronda en la sociedad y se olvida de meter luego el dinero en el sobre, al que va al supermercado y coge un kilo de mandarinas y levanta la bolsa para que la máquina marque medio y a ver si cuela en la caja, al que paga en negro para no abonar el IVA, al que se cuela en el metro, al que cuando le cobran de menos nunca lo dice, al que consume libros, música y cine de manera pirata como si fuera lo más normal... hechos cotidianos que si creces viéndolos en tu entorno llegan a convertirse en acciones políticamente correctas aunque todos sepamos que no lo son... y luego están todos los demás y esas grandes operaciones de corrupción o de enriquecimiento ilícito e inmoral, aquellos a quienes da la sensación de que en un momento dado alguien les dijo algo así como “aquí tienes un montón de dinero, que en principio no es tuyo pero que si lo coges ya lo será y si nadie se entera, porque no dices nada, podrás seguir cogiendo”. Y así ha sucedido. Lo han hecho, con el “presuntamente” siempre por delante, políticos, sindicalistas, banqueros, duques, empresarios, gestores de clubs de fútbol... todos, eso sí, sin decir nada y tratando de ampararse en la legalidad sin importarles lo vergonzoso de su conducta. Son ricos, sí, pero pobres de moral.