Poco hay de nuevo tras la reunión entre Sánchez e Iglesias mas allá de esas fotos que retratan gestos de acercamiento entre estos dos actores principales en la teatral escena política, postureos tan previamente estudiados que resultan antinaturales y que poco tienen que ver con la acción política y la urgencia de Gobierno que necesitan los ciudadanos y ciudadanas ante tanto desgobierno. Llevamos demasiado tiempo de espera en busca de un acuerdo posible entre las fuerzas del cambio, si es que las hay realmente. Porque cambiar, se ha dicho muchas veces, no es que unos ocupen los sitios de otros sino que al margen de los puestos se apueste por una nueva forma de dirigir la vida política poniendo en primer plano los problemas reales de la sociedad y sumando para avanzar en una misma dirección y en eso, no vale todo, ni todos. No valen quienes solo quieren sumar para tratar de llegar arriba a cualquier precio, porque se trata de construir una realidad sustentada en el acuerdo sólido de las fuerzas de izquierda, eso o resignarse a dejar paso a la derecha y a quienes quieren que todo siga como hasta ahora, para luego repartirse las culpas. Iglesias maneja perfectamente los gestos. Y tiene uno que se ha convertido en un clásico. Comenzó regalando un DVD de “Juego de tronos” al Rey Felipe. Más tarde repitió con Mariano Rajoy, al que obsequió con un libro de Antonio Machado. El miércoles el líder de Podemos optó por acortar distancias con el PSOE con un ejemplar sobre la historia del baloncesto, dedicado eso sí, con un mensaje de futuro en el que escribió a mano: “Es bueno empezar por lo que nos une”. El baloncesto. Regalar libros está bien, pero lo que tienen que comprarle es el programa. Porque quedar para ir juntos a ver partidos igual es una buena forma de empezar una amistad, siempre que animen al mismo equipo -cosa complicada en ellos-, pero no se antoja como una base sólida para construir un Gobierno. Es preocupante que meses después de las elecciones lo que les une a ambos sea solo una afición y no un acuerdo serio con las líneas claves de su política. Partidos con sus disputas y finales emocionantes en la cancha ya tenemos bastantes. Están sobre la bocina. La afición está cansada de tanto juego. Ahora hay que acertar, primero con la alineación y luego metiendo el triple en la canasta adecuada. Algunos con tal de encestar lanzan la pelota en su propio campo.
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