para muchas personas, los museos y las salas de arte, como las bibliotecas o las librerías, son lugares refugio, espacios de silencio y un cierto recogimiento donde el ser humano cobra una mayor dimensión. Esos lugares en los que transitas despacio, perdiéndote entre laberintos de arte, vanguardia, literatura, saber, ciencia, debate, conocimiento... Espacios culturales abiertos que definen casi siempre una sociedad avanzada. Por eso me gustan las ciudades con museos gratuitos o de muy poca entrada, con grandes o pequeños espacios en los que la gente entra, sale, va una vez y vuelve a ir, no solo para ver una determinada exposición, una obra o una actividad concreta sino porque en ellos cada cual puede, sin más, pasar el rato, refugiarse de la lluvia, tomar un café, conectarse tranquilamente para chatear, escribir o entretenerse en contacto ya con la cultura. Me gusta la idea de los museos como lugares por los que pasamos, como otros tantos de nuestra vida. De ida y vuelta, no meros destinos. Para algunos eso no será suficiente, pero yo creo que sí. Porque de alguna manera que los museos sean sitios abiertos los convierte en espacios de tránsito, casi en parte de la propia calle por la que uno pasea, avanza o retrocede pero no se queda indiferente ante el paisaje. Y eso exige repensar los centros de arte y dotarles de una nueva identidad más acorde a las necesidades de una sociedad que todavía los mira con recelo. Por eso en este mes de mayo que ha celebrado ya el Día Internacional de los Museos se ha vuelto a poner sobre la mesa el reto de redefinirlos y convertirlos en espacios próximos, sea cual sea el arte que contienen, de tal manera que se consiga acercarlos a los ciudadanos. Porque lo esencial es dar el paso y entrar, mirar y ver, desde cualquier perspectiva. Muchas veces una simple mirada es suficiente para despertar la curiosidad y vencer el miedo para acercarnos a lo que no conocemos. Y para ello es esencial la educación, crecer con y desde el arte, que desaparezcan las barreras y que el precio de la cultura no sea nunca un obstáculo. No se trata del todo gratis, pero sí de facilitar el camino desde los espacios públicos para luego poder exigir que la gente valore aquello por lo que ya si tiene que pagar.
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