La violencia de género mata. Como matan las armas. En el peor de sus casos aniquila físicamente y en el resto va destruyendo poco a poco a la mujer víctima de malos tratos físicos o psicológicos. Cuando una persona a la que has querido en un momento de la vida se convierte en tu peor enemigo no solo hay que afrontarlo sin culparse, sino que te obligan a tener la valentía para denunciarlo y tirar para adelante, sabiendo que el camino será duro, porque aunque se va avanzando y se están poniendo recursos que den cobertura y apoyo a las víctimas, todavía es una lacra que la sociedad no consigue erradicar. Violencia de género que afecta a todas las edades, ciudades, barrios, clases sociales y nacionalidades. Violencia que comienza con no respetar a la mujer y que acaba con la agresión. La vemos cada día en actitudes machistas e intolerantes, en agresiones sexuales y violaciones, en detenciones cada fin de semana, en denuncias. No es un tema menor. Todo lo contrario. Cada año mueren en el Estado una media de 60 mujeres y en lo que va de año ya van 22 asesinatos y cientos de agresiones. El año pasado Navarra registró 1.191 denuncias, lo que supone casi 3 al día, tres mujeres golpeadas en alguna parte de su ser. No creo que haya otro tema tan sangriento y doloroso. Pero a los políticos, hay que decirlo claro, auténticos responsables de poner en marcha medidas y dotarlas de presupuesto, no parece preocuparles mucho. No entra en campaña. El debate del pasado lunes, con más de dos horas de duración, lo dejó claro. Dedicó sólo un puñado de segundos a la violencia de género. Ni siquiera medio minuto. Más o menos cinco segundos por candidato. Y eso después de que la única mujer presente en el debate, la periodista Ana Blanco, les pidiera por dos veces que dejaran un poco de tiempo “para hablar de la violencia de género, si puede ser”. Pero no fue. Tuvo que recordarlo ella, como si hablar de violencia contra las mujeres fuera un tema nuestro, del género femenino. Es triste y evidente que no es algo prioritario para los partidos pero más me preocupa que no lo sea para las personas, hombres o mujeres. Ni una medida al respecto. Nada que debatir. Quizás ellos, que tanto les gusta citar ejemplos de gente que se encuentran por la calle, no conozcan a ninguna mujer de las muchas que viven amenazadas, que luchan cada día por dejar atrás el miedo a un maltratador que les apunta a ellas pero también dispara a sus hijos. Sobreviven como pueden en un auténtico infierno al que nunca quisieron llegar. Y del que la política no va a sacarles.
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