Pasa casi desapercibida en el calendario pero no en el ritual de la vida. No tiene la fama de otras fechas, pero no se queda atrás. No es festiva, pero huele a fiesta. Desprende magia aunque no es mágica. Tiene una mezcla de aroma a hierba recién cortada, a la sal del mar, al humo de las hogueras, a la tierra mojada por la tormenta, a vida que empieza, a promesas y deseos, a desterrar todo lo malo, a quitar la mala hierba, los malos sueños, la mala gente y mirar al futuro con la mirada limpia antes de que nada la enturbie. Huele a descanso y buenos ratos, a tiempo por delante y estrés que ya queda atrás. Es la noche de San Juan, esa noche mágica entre ayer y hoy, entre nunca y siempre. Una noche hecha de fuego, agua y tierra, los tres elementos que se funden en el solsticio de verano. Es el día más largo o la noche más corta, en la que no faltan ritos como saltar sobre el fuego o bañarse en el mar, gestos supersticiosos para garantizarnos una buena temporada, como quien pide un deseo cuando ve una estrella fugaz en la otra noche mágica del verano, la de San Lorenzo. Esta vez San Juan nos ofrece no solo la posibilidad de creer en lo que todavía no ha ocurrido sino de intentar de verdad que lo que queremos ocurra, lo mismo a los ingleses que hoy estarán más dentro o fuera de esta compleja, desunida e insolidaria Unión Europea como a nosotros mismos que el domingo tenemos la posibilidad, con nuestro voto, de dejar atrás los malos tiempos del desgobierno y la llamada vieja política para dar la mano a un tiempo de cambio con nuevas formas de gobernar que implican, necesariamente, el acuerdo, el diálogo y la participación, ese concepto tan usado y casi manoseado de un tiempo a esta parte, que es la esencia de la democracia y no es algo nuevo, ni de derechas ni de izquierdas, es un derecho, más que un deber, que tenemos todas y todos, una opción que no puede tener trabas. Con nuestro voto participamos y esa participación nos legitima para luego poder exigir. No sé si los políticos y políticas habrán tomado parte en la noche de San Juan saltando el fuego para pedir garantizarse la victoria, solo sé que si no han aprovechado la hoguera para arrojar lo que han hecho mal, difícilmente verán cumplido su sueño de gobernar.