El caso de la doble agresión en la calle Estafeta durante los pasados Sanfermines cuyo juicio se celebró ayer, trasciende sin duda del ámbito judicial, en el que el juez dictará la sentencia que corresponda una vez escuchadas todas las partes. La lentitud de la justicia ha hecho que este proceso llegue en vísperas de San Fermín, lo que da luz verde a una necesaria reflexión sobre dos temas que siempre deben ser tenidos en cuenta pero que en fiestas cobran, a la vista de este caso y otros ya conocidos, una trascendencia especial: la violencia de género y la violencia física como medio de resolución de conflictos. Si a eso se le añade la variable de “el de casa” y “el de fuera” el conjunto es tristemente jugoso. Lo que está ahora en juicio son las imputaciones, tanto al americano que propinó un puñetazo a un pamplonés por manosear y tratar de besar a su novia, como la del pamplonés por estos hechos. Pase lo que pase en sede judicial y sea cual sea la sentencia, ya han perdido los dos encausados. Y pudieron aún perder más. La sucesión de los hechos enjuiciados les han convertido a los dos, paradójicamente, en víctimas y verdugos a la vez. Por adoptar un criterio cronológico y evitar la polémica de los grados, parece (a tenor de las pruebas audiovisuales y testigos) que el joven pamplonés puedo haber cometido, presuntamente, una agresión sexista de manual. El alcohol y otros factores contextuales o culturales podrán servir de atenuantes judiciales pero no sociales. Ningún hombre (suele ser lo más habitual estadísticamente) tiene derecho a mostrar actitudes físicas y verbales que puedan generar una situación de violencia y agresión como la vivida por la joven americana en plena calle. Un no es un no. Siempre. En castellano y en inglés. En Pamplona y en California. Pero el remedio pudo ser peor que la enfermedad. Aunque se puede llegar a entender la reacción de defensa de su pareja al ver lo que estaba ocurriendo (le propinó un puñetazo sin mediar palabra), ética y prácticamente es igual de rechazable y además pudo tener unas consecuencias muy graves tanto para el agredido (tuvo fuertes secuelas y en ocasiones se han dado casos de fallecimiento por una caída imprevista con golpe en la cabeza) como para el agresor, que se podría haber enfrentado a una petición de pena por homicidio. Y es que esa noche sanferminera acabo mal pero pudo haber sido aún peor para todos los implicados en este caso, en el que nadie gana (las condenas e indemnizaciones no compensan) y del que se puede extraer una doble premisa: tolerancia cero a cualquier tipo de agresión sexista y que la violencia nunca es el medio para solucionar nada. Ante una agresión no hay que ser pasivo o pasiva pero tampoco tomarse la justicia por su cuenta, para eso hay un dispositivo encargado de la seguridad. Sería bueno que todos y todas, los de casa y los de fuera, las tuviéramos en cuenta para los próximos días festivos.
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