Editorial de diario de noticias

Cumbre, problemas y poder en Biarritz

La reunión del G7 en la población labortana el fin de semana es un error estratégico que la está convirtiendo en una ciudad policial trastocando la vida de miles de personas y con un resultado incierto en plena pugna internacional

10.02.2020 | 00:47

La reunión del G7 en la población labortana de Biarritz el fin de semana es un error estratégico que la está convirtiendo en ciudad policial trastocando la vida de miles de personas y con un resultado incierto en plena pugna internacional...

la celebración este próximo fin de semana en Biarritz de la cumbre del G7, a la que asistirán los líderes de los países más ricos y poderosos del mundo, está teniendo ya repercusiones y generando importantes problemas de movilidad tanto para los ciudadanos de la propia localidad labortana como para los de poblaciones cercanas a ambos lados de la muga. De hecho, Biarritz es ya desde hace días una ciudad blindada, plagada de agentes de la Gendarmería y de militares cuya labor, en principio, es mantener la seguridad a toda costa pero que han convertido la ciudad en un lugar propio de un estado policial. Es evidente que un evento de estas características, con presencia de mandatarios como Donald Trump, Angela Merkel y Boris Johnson, entre otros -también Pedro Sánchez como invitado-, precisa de un fuerte sistema de seguridad pero no debería llegar al punto de trastocar de manera tan drástica la vida de centenares de miles de personas. La elección de Biarritz como sede de esta cumbre del G7 es un error estratégico. Su condición de ciudad turística, su situación cercana a la frontera y la coincidencia de la fecha con uno de los fines de semana más complicados del año debido a la operación retorno con miles de personas de origen magrebí que regresan de sus vacaciones por ese punto -con una circulación media diaria de entre 25.000 y 30.000 vehículos por la muga- hacían que Biarritz fuera "quizá la peor opción", tal y como ha reconocido un alto funcionario de los servicios de inteligencia franceses. A todo ello hay que añadir las previsibles protestas de grupos antisistema, de los activos chalecos amarillos y la celebración de una contracumbre de grupos políticos y sociales. La situación ha obligado al desvío de recursos de todo tipo, también en Hegoalde, con la movilización, por ejemplo, de unos 4.000 er-tzainas para la gestión del fin de semana más complicado del año en lo que al tráfico por la muga se refiere, un escenario delicado que se verá agravado por los controles policiales e, incluso, por el posible cierre de la frontera, una situación que entra en los planes de emergencia elaborados por Navarra y la CAV. En resumen, que la elección de Biarritz parece el capricho de un mandatario, como Macron, que venía con la aureola de la nueva política pero que ha sucumbido a los mismos vicios que la vieja, sacrificando la libertad de los ciudadanos e indiferente al despilfarro de recursos que acarrea la ubicación elegida. En este contexto, solo se puede esperar que la sensatez se imponga y se evite cualquier incidente violento.

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