Editorial

Confinamiento y desigualdad

03.02.2021 | 01:20
El editorial de Diario de Noticias

Un estudio del INAI basado en 51 testimonios de mujeres evidencia cómo la mujer ha sido pieza clave en los cuidados pero la que más ha sufrido discriminación y dificultades en materia de trabajo, vivienda o violencia

Si la pandemia pasará a la historia como una etapa de exigencia máxima en lo que significa la supervivencia y solidaridad de la raza humana sometida a un estrés límite, el confinamiento domiciliario tendrá un capítulo específico en lo que ha supuesto de dificultad para la mujer y en el avance de las desigualdades para el conjunto de la sociedad. No porque sean más vulnerables a la crisis sanitaria, todo lo contrario, sino porque su posición de subordinación en esta sociedad patriarcal hace que la brecha de género haya aumentado. Las mujeres han tenido un papel clave en esta crisis sanitaria durante los meses que duró el estado de alarma. Ellas han estado en primera línea de batalla contra la covid, de hecho constituyen la mayoría del personal sanitario y de otros servicios esenciales, especialmente los que tienen que ver con los cuidados a otras personas tanto en la esfera pública (empleadas del hogar) como privada (hijos, padres, hermanos...). Son algunas de las conclusiones del estudio elaborado por el Instituto Navarro para la Igualdad, que visibiliza las experiencias y testimonios de 51 mujeres que han peleado en un momento de crisis. ¿Quiénes están en las filas de los bancos de alimentos? Ellas. Mujeres víctima de la violencia machista que se han sentido durante este periodo más controladas y aisladas. Mujeres separadas, solas, con menores y sin vivienda o en pisos compartidos, que no podían trabajar porque no tenían dónde dejar a los niños, de los que nadie quería hacerse cargo porque los veían como un foco de contagio. Mujeres mayores de 65 años que han tenido miedo a contraer la enfermedad, a contagiar y a fallecer. Mujeres que han compatiblizado el teletrabajo con el cuidado de menores y el trabajo doméstico lo que ha supuesto una sobrecarga de trabajo –de ahí precisamente la necesidad de regular por ley el teletrabajo–, lo que también les ha alejado de la carrera profesional. Vidas a las que se suman otras discriminaciones. Mujeres gitanas sacando adelante sus familias y garantizando su subsistencia. Mujeres inmigrantes conviviendo en situaciones de hacinamiento. Mujeres con salarios más bajos, trabajos más precarios y derechos laborales inferiores (pensiones, prestaciones...), y que cuidan de otras personas. El Plan Reactivar Navarra o el futuro Plan de Empleo incorporarán, dijo ayer Remírez, la perspectiva de género en esta salida a la crisis. Recursos sin duda necesarios para evitar retrocesos en los avances conseguidos en Nafarroa en materia de igualdad.